La violencia y el COVID-19 en México

Según cifras oficiales las medidas de confinamiento no sirvieron en lo absoluto para mitigar al menos un poco el espiral de violencia que viene azotando a México desde finales del siglo pasado.

A mediados del mes pasado se registró el día más mortífero en a historia de México. El 19 de abril se registraron 105 asesinatos, en medio de la cuarentena impuesta por el gobierno para combatir la propagación de COVID-19. Esa cifra del domingo excedió el último máximo de 104 personas el 4 de abril de 2020.

¿Cómo es posible que en medio de una pandemia, donde se han impuesto medidas de distanciamiento social y confinamiento para evitar la mayor cantidad de gente en la calle, se pueden tener las peores cifras de violencia en los últimos tres sexenios?

Tan solo en feminicidios las cifras se han mantenido peligrosamente altas durante todo marzo y abril, con 78 y 70 respectivamente. Así lo explicó el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo, en una de las mañaneras del gobierno federal:

Incluso el mismo presidente de México, Andrés Manuel López Obrador reconoció que hasta el momento, su administración no ha “podido tener una disminución importante” en el número de homicidios.

Investigación CDC

El primer paso para comprender la epidemia de homicidios en México es darse cuenta de que la palabra “epidemia” no es una metáfora para explicarla. Según datos del medio estadounidense ‘The Nation’, hace unos 40 años los investigadores de los Centros para el Control de Enfermedades de los Estados Unidos comenzaron una serie de experimentos diferentes.

Para entonces, la epidemiología moderna había erradicado esencialmente enfermedades como la tuberculosis y la gripe, que anteriormente eran fuentes importantes de muerte y miseria para los estadounidenses.

En 1980 un grupo de epidemiólogos de los CDC centró su atención en el homicidio, otra causa común de muerte. Los científicos realizaron un experimento que fue, en muchos sentidos, un disparo en la oscuridad.

Comenzaron a rastrear casos de desapariciones y asesinatos de niños sin resolver en el estado de Georgia. A medida que reunieron más datos, vieron los contornos de lo que el trabajo científico posterior dejaría claro: la violencia parecía extenderse como una enfermedad contagiosa.

“El predictor número 1 de si una persona cometerá violencia, más que cualquier otra cosa, es si esa persona ha estado expuesta a la violencia en el pasado”, dijo Charlie Ransford, director de ciencia y política de Cure Violence, una organización estadounidense que utiliza modelos epidemiológicos para predecir la propagación de la violencia.

En este momento, México está experimentando su tasa de homicidios más alta en la historia moderna. Más de 120,000 personas han sido asesinadas desde 2016 (más que todas las muertes estadounidenses en la Primera Guerra Mundial). Lo peor es que no ha ido más que ir creciendo, de acuerdo a las últimas cifras oficiales que dio el gobierno federal, siempre va hacia arriba y de manera exponencial, como lo muestra esta imagen:

Homicidio doloso en México mensual, de 2015 hasta abril de 2020.

Recientemente, la atención mundial se volteó a la violencia en México  después de que nueve personas, miembros de las familias afiliadas a los mormones Lebáron y Langford, fueron masacradas en el norte de México en noviembre pasado.

Durante todo el 2019 casi 100 personas fueron asesinadas en México todos los días.

Es evidente que la violencia no es solo un problema de narcos o soldados. La gente habla de la violencia como si fuera una fuerza viviente, algo que ha venido a la ciudad y a las personas afectadas, algo que puede tocarte y entrar en tu casa.

Pensar en la violencia como una enfermedad, entonces, tiene mucho sentido. Un modelo epidemiológico de violencia puede explicar por qué la tasa de homicidios en México ha crecido exponencialmente.

La violencia no es causada solo por “chicos malos” que pueden ser arrestados y encerrados. Es causada por ciclos de riesgo y exposición, como cualquier enfermedad. Las personas que alguna vez fueron sanas y pacíficas pueden enfermarse con violencia.

Riesgos en México

La Organización Nacional Anticorrupción (ONEA) de México realizó un pequeño trabajo recopilatorio donde, de manera condensada, intenta explicar la exacerbación de la violencia en el país durante la Jornada de Sana Distancia:

Se tienen que pensar en nuevas estrategias de seguridad para atacar las raíces de la violencia en México. Desde instituciones que sean incorruptibles hasta cuerpos de seguridad bien entrenados y pagados para realmente salvaguardar el espacio público de la delincuencia, nuestro país necesita un nuevo rumbo.

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