“Lucho y muero por mi pueblo”: Oxchuc, la comunidad que busca expulsar a los partidos políticos

“No habrá urnas este primero de julio”.

“Escuché los tiros, venían disparando por todas partes”, me cuenta Bonifacio López sentado en el patio de su casa. “Ahí es donde me tocó también”, dice con voz pausada y me muestra las cicatrices que dejaron cuatro balas en su cuerpo.

El 24 de enero de 2018, un grupo armado atacó la comunidad de Oxchuc, en los Altos de Chiapas, para ejercer presión política en contra de sus pobladores, quienes buscan expulsar a los partidos políticos y regirse por el sistema de usos y costumbres. Quemaron casas y dispararon, dejando un resultado de más de diez personas heridas y tres asesinadas. Bonifacio, un joven de la comunidad, recibió cuatro balazos: el primero en el abdomen, uno más en la espalda, otro en el pie y el que lo dejó inconsciente, en la cabeza.

Días después del ataque, Oxchuc llamó la atención de algunos medios nacionales, pero el problema no era nuevo.

Oxchuc es un municipio tzeltal que se encuentra a una hora de San Cristóbal de las Casas, en los altos de Chiapas, y cuenta con poco más de 40 mil habitantes. El ataque armado en contra de sus pobladores es resultado de un conflicto político que sostienen desde 2015, cuando María Gloria Sánchez resultó electa como presidente municipal por segunda ocasión. Ella es acusada de financiar grupos paramilitares —posibles responsables del ataque— y de mantener un gobierno autoritario y familiar que se ha rotado la administración de la alcaldía municipal durante más de diez años, con el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM).

En 2016, un grupo de pobladores inconformes con la presidenta municipal electa quemaron el Palacio Municipal y la obligaron a retirarse de ahí con su equipo de trabajo. María Gloria y su cabildo rentaron una casa cercana como oficina provisional, pero los mismos pobladores prendieron fuego también a ese lugar, obligándola a ella y a su equipo a irse de Oxchuc.

Después de su expulsión, la Comisión Permanente de Paz y Justicia de Oxchuc, integrada por habitantes del pueblo, asumieron el gobierno y nombraron, a través de una votación a mano alzada, a su propio presidente municipal, dejando fuera de la comunidad a María Gloria. Desde ese momento, el pueblo contó con dos gobiernos: el de-facto, uno indígena regido por los usos y costumbres del pueblo; y otro electoral, el reconocido por las autoridades mexicanas.

En 2017 la situación entre Oxchuc y los pueblos aledaños, supuestos simpatizantes del gobierno de María Gloria, se tensó. Según pobladores de Oxchuc, el conflicto se dividió en dos bandos: los que están con la Comisión Permanente de Paz y Justicia de Oxchuc, que son quienes buscan gobernarse por el sistema de usos y costumbres y sacar al sistema partidista, y los pueblos aledaños, quienes, se dice, apoyan a María Gloria y han sido beneficiados por su gobierno con dinero, tinacos, viviendas y láminas (usadas como techos para las viviendas).

Esta tensión resultó en amenazas y ocasionó que la gente de Oxchuc montara puntos de revisión en las entradas del pueblo para poder identificar a quienes entraban y salían del lugar. Aunque Bonifacio López no forma parte de la Comisión Permanente de Paz y Justicia de Oxchuc, apoyaba haciendo guardias en las casetas instaladas. El 24 de enero de 2018, mientras hacía su guardia, escuchó los disparos que venían desde las montañas, bajando desde la comunidad de Piedra Escrita, cuyos habitantes son supuestos simpatizantes de María Gloria.

En uno de los videos del ataque, se ve a Bonifacio acostado sobre la parte trasera de una camioneta con una herida en la cabeza. Son los minutos posteriores al momento en que fue herido e iba en camino a un hospital. “No te preocupes, compa”, le dice uno de los chicos que lo acompaña. Bonifacio, con el cráneo reventado y la cabeza llena de sangre, dice: “Lucho por mi pueblo, muero por mi pueblo”. Los jóvenes que lo acompañan se desesperan y le gritan al conductor: “¡Métele pata, güey, está grave!”

En marzo de 2018, un mes después del ataque, platico con Bonifacio en el patio de su casa, a unas calles del centro de Oxchuc. Me cuenta que aún tiene dos de las cuatro balas en el cuerpo porque no pudieron sacárselas: una en la espalda y otra en el pie, que no le permite caminar. Las pesadillas comenzaron después de haber sido herido y lo despiertan en la noche. Después de contarme lo que pasó ese día, me dice: “La responsable es la María Gloria, contrató gente para venir a matar al pueblo”.

La comunidad de Oxchuc hizo una solicitud y esperan a que se haga un dictamen antropológico que determine si realmente son comunidad indígena, con precedentes ancestrales, en la que existían usos y costumbres, y si son rescatables.

Este primero de julio de 2018 hay elecciones presidenciales y el panorama en Oxchuc aún es incierto. “Hay una determinación bajo acta asamblea que no se permitirán las elecciones federales”, asegura Gabriel, “al hablar de ‘ya no más partidos políticos’, por lógica, no habrá urnas”.

 

Fuente: 

Vice México

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